Dificultades en las relaciones interpersonales cercanas y estado civil en la Fobia Social

admin  -  jul 05, 2012  -  Comentarios desactivados

Autores: Dr. Daniel Bogiaizian – Lic. Laura Coccia

El siguiente artículo tiene como propósito hacer de objeto de nuestra mirada dos cuestiones que, a nuestro entender, merecen ser tenidas en cuenta. La primera cuestión tiene que ver con la mayor proporción de hombres que aparece en las consultas clínicas. La segunda, las dificultades que parecen tener los fóbicos sociales en el área de las relaciones interpersonales cercanas al punto tal de afectar la posibilidad de contraer matrimonio.

The following article aims at focusing on two issues which, as far as we are concerned, deserve our attention. The first is related to the higher number of clinical consultations among men. The second one is connected with the difficulties that social phobic patients seem to have in the arena of close interpersonal relationships, to the extent that their chances to get married are affected.

Ya desde las primeras conceptualizaciones de la Fobia Social (Marks y Gelder, 1966), la Fobia Social se circunscribió a situaciones de exposición del ámbito de lo público , por ejemplo ir a restaurantes o fiestas. En el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM-III, 1980) consideraba que la fobia social era un caso especial de fobia simple que incluía miedos limitados a una o dos situaciones y, con excepción de casos extremos, era improbable que derivara en algo más y daba como ejemplos de fobias sociales “miedo a hablar o actuar en público, utilizar baños públicos, comer en público y escribir delante de otros”. Es muy probable que estos criterios de selección no representen de manera universal la forma en que se despliega el trastorno.

Si bien los criterios fueron evolucionando y en el DSM-IV-R, el Trastorno de Ansiedad Social generalizada abarca la mayoría de las situaciones sociales. Todavía vemos que el acento está puesto en la preocupación para el juicio negativo, la irrupción de síntomas frente “a personas que no pertenecen al ámbito familiar” (Criterio A). De hecho, uno de los formularios más usados para evaluar la ansiedad social como el Liebowitz Social Anxiety Scale (LSAS, Liebowitz, 1987) no describe situaciones interpersonales con sujetos del ámbito íntimo del paciente. Esta tendencia se tradujo en una vasta literatura de investigación en relación a las dificultades en el desempeño académico, dificultades laborales y situaciones de exposición pública de los fóbicos sociales. De alguna manera, la ansiedad social vinculada a las relaciones cercanas interpersonales no ha merecido la suficiente atención.

La fobia social se define como un marcado y persistente miedo a situaciones en las que las personas que lo padecen temen actuar de un modo embarazoso, ridículo o humillante delante de otros y que se noten sus síntomas de ansiedad.
La exposición a dichas situaciones produce una respuesta inmediata de ansiedad ,con su consiguiente correlato físico.

Cuando una persona que sufre de fobia social se halla frente a una situación temida, puede verse impedida de realizar algún tipo de conducta ante los otros porque cree que éstos notarán su nerviosismo, juzgándolo o evaluándolo negativamente. Comienzan a evitar dichas situaciones creyendo erróneamente que así se despojarán de su malestar.

Por lo general, las personas con fobia social experimentan los síntomas físicos de la ansiedad cuando se exponen a una situación ansiógena o piensan en la posibilidad de que ello ocurra, manifestando palpitaciones, molestias gastrointestinales, tensión muscular, sequedad de boca, , mareos, sudoración , temblores y ruborización, siendo los tres últimos los más frecuentes en la fobia social ( Amies, Gelder y Shaw, 1983; Solyom, Ledwidge y Solyom, 1986).

Quienes padecen éste trastorno experimentan un importante nivel de ansiedad que limitan sus posibilidades de desarrollo personal y afectan la calidad de vida en general, interfiriendo severamente en el funcionamiento cotidiano.

Aunque algunos autores señalan que la mayoría de las fobias sociales se inician entre los 15 y 20 años, los datos disponibles no son concluyentes, ya que otros trabajos indican que un alto porcentaje de personas con fobia social refieren haberla padecido durante toda su vida ( Scheneier et al, 1992). La mayoría de los autores concuerdan que la edad de inicio es antes de los 25 años.

Los primeros estudios de prevalencia de la fobia social realizado en los años ochenta, indicaban que se trataba de un trastorno común. Sin embargo, las estimaciones exactas de prevalencia varían de acuerdo a la manera de definir el trastorno.

Lèpine, A. y Pélissolo.(1999) relevan una serie de estudios epidemiológicos en una tabla de la que se extraen los siguientes resultados : de aquellos realizados previamente a la publicación del DSM- III-R , se observan índices para la fobia social que oscilan entre el 2% y 4 %. en el Epidemiological Catchment Area (ECA), ( Schneier y colab., 1992).

Debido al cambio en los criterios de evaluación del DSM-III-R (mucho menos restrictivo que el DSM-III), los estudios más actuales señalan índices de prevalencia más altos., como en el National Comorbidity Survey ( NCS), donde la cifra ascendió a 13%. (Kessler, Stein y otros, 1994)
Con respecto a la prevalencia por sexos, en estos estudios se observa una supremacía femenina sobre la masculina, tema que nos ocuparemos más adelante.

 

Relaciones interpersonales cercanas y Fobia Social

Aunque muchos investigadores han centrado su atención en la manera en que la depresión afecta las relaciones interpersonales, la fobia social es una de las patologías en donde se halla más afectada el área de las relaciones afectivas, ya que la naturaleza de éste trastorno incluye la dificultad en las habilidades sociales, el temor al ridículo, timidez, preocupación por el desempeño sexual, vergüenza, temor a expresar emociones o hablar de sí mismos.
Según Safran y Segal(1994), desde una perspectiva interpersonal, la autoestima de un individuo y su sentido básico de seguridad en el mundo son una función del sentido que tiene de su posibilidad de entablar relaciones. Este es el proceso que se halla entorpecido en las personas que padecen ansiedad social. La desconfianza, tanto en sí mismo como en las personas de su entorno, es la moneda corriente y se verifica en las restricciones en la vida cotidiana .
El concepto de esquema interpersonal también contribuye a clarificar la relación entre la auto percepción y la percepción de los otros, porque propone que la percepción de sí mismo y del otro son intrínsecamente interactivas. En el ámbito de la percepción social, la unidad de interés es tanto la representación de sí mismo como la representación del otro. Por ejemplo, un individuo que se percibe a sí mismo como indigno de ser querido tendrá una particular tendencia a percibir a otros en términos de rechazo y hostilidad. (Safran y Segal, 1994).
En un esquema interpersonal, la autovaloración funciona como un eje para mantener la relación. Este eje deviene de las experiencias y vínculos previos con figuras de apego y refleja tanto la percepción de uno mismo como la percepción de los demás.
En un estudio realizado por Heimberg y colab. (2001),con una población clínica de personas con trastorno de ansiedad social.,el grupo de los pacientes con trastorno de ansiedad social que demostró un patrón de apego seguro , se evaluó la clase de tipología de apego a través de una escala especialmente diseñada para ese fin. Un hallazgo con importancia potencial fue que se identificaron dos subtipos de apego en la población relevada. Uno de ellos con estilo de apego ansioso, que tiene creencias negativas sobre el self, la dependencia y confianza con los otros, que pueden afectar el funcionamiento y predisponen a la persona a sentimientos de desesperanza y a la depresión. El otro grupo un patrón de apego seguro , no se diferenció del muestreo no clínico en sus patrones de apego adulto. Estos pacientes parecieron tener menos ansiedad y estar menos restringidos que los pacientes con un estilo de apego ansioso, y también tener un menor nivel de depresión.

Por lo tanto, el esquema de los pacientes con apego inseguro implica que el individuo tiene expectativas extremadamente negativas en relación a la posibilidad de mantener relaciones interpersonales, anticipando condiciones rígidas y amenazas potenciales.
Wenzel y Harvey (2002) realizó una investigación con respecto a las características de la relación de pareja. Las áreas de disfunción relacional en estas personas incluyen un estilo atribucional de relación negativo y un déficit en la intimidad emocional y social. Además, las personas con ansiedad social se caracterizan por un estilo de apego inseguro.Las personas con trastorno de ansiedad social con un estilo de apego ansioso tienen creencias negativas sobre el self y la dependencia y confianza de otros, que pueden afectar el funcionamiento y predisponen a la persona a sentimientos de desesperanza y, finalmente, a la depresión.

Las relaciones cercanas de los fóbicos sociales como tema de investigación recién está comenzando.
Es necesario analizar las dificultades inherentes a cada uno de los contextos en los que el fóbico social tiene que interactuar. Por ejemplo, una persona puede funcionar con sus compañeros dentro del ámbito del trabajo sin signos de ansiedad social. Pero si tiene que interactuar en el ámbito social con la misma gente , yendo a tomar algo y teniendo que hablar en un contexto de mayor intimidad, no puede.

En relación a la investigación en personalidad y relaciones cercanas (Cooper, 2002), dice que parece claro que los esfuerzos para evaluar directamente las características importantes del contexto de relación, sea cual fuere el método, y para relacionar estas características con procesos intraindividuales e interaccionales dentro de la relación que van a arrojar un entendimiento más provechoso y estructurado del rol de la personalidad en relaciones cercanas.

 

Fobia Social y las implicaciones en el estado civil

Retomando el tema epidemiológico y en lo que respecta a la proporción por sexos de la fobia social, una de las constantes en los estudios sobre grandes poblaciones es que indican que es más común en mujeres que en hombres.
El ECA indica prevalencias de por vida de 2% de hombres y 3,1% para mujeres (Schneier, 1992). El Nacional Comorbility Survey indica el 11,1 para hombres y 15,5 para mujeres. Sin embargo, a pesar de la supremacía femenina en la población, pareciera ser que la prevalencia por sexos en la práctica clínica muestra resultados diferentes, tendientes a emparejar la proporción de hombres y mujeres que consultan por fobia social.
Turk y colab. (1998) coinciden con otros colegas en observar que en el momento de la consulta, los hombres a equilibrar al número de mujeres. En un análisis de 35 estudios de Fobia Social que incluían 1514 pacientes (Heimberg y Juster, 1995), el 48% eran hombres.
¿Qué motivó más a las hombres que a las mujeres a buscar tratamiento?
Turk y colab. (1998) plantean que sería conveniente investigar los factores que motivan a hombres y mujeres a buscar tratamiento, de ésta manera se podrían explicar la cantidad desproporcionada de hombres que buscan ayuda terapéutica. A la vez, señalan que en la población de su estudio, aunque el promedio de edad era de 35 años, más de la mayoría de los pacientes no estaban casados. También Scheneier (1992) examinó características demográficas de los que encuadraban en la fobia social y encontró más solteros, separados y divorciados que los sujetos que no padecen este trastorno. Evidentemente la fobia social interfiere en el proceso de conseguir pareja y poder sostenerla.
Dentro de las preocupaciones de los pacientes con fobia social, son frecuentes las cuestiones vinculadas al acercamiento con personas del otro sexo. En los varones se suma la complicación de tener que tomar la iniciativa. Este factor no tiene una incidencia menor en la fobia social y posiblemente se deba a que está fuertemente arraigado a nuestra cultura. Podríamos pensar que por lo menos en la cultura occidental, hay una expectativa general de que el hombre juegue un rol más activo en las situaciones de cortejo. Y éste precisamente no es el fuerte de las personas que padecen ansiedad social.
Utilizando los datos aportados por Heimberg y Juster (1995), seleccionamos 21 estudios que reportaban el porcentaje de casados en 1058 pacientes, el porcentaje promedio de casados fue de 43,5%; comparado con los datos del United States Bureau of the Census (1998), en el cual el porcentaje de casados es de 59,7%, indicando una diferencia de más del 16% entre los dos grupos. Lamentablemente no se poseen datos de a qué sexos pertenecen los casados de cada estudio, es por esta razón que sólo podremos realizar comparaciones sobre los totales en el porcentaje de casados de estos estudios y de la población general de los EEUU.
En la Argentina, a pesar de la carencia de estudios epidemiológicos, observamos en la población clínica de pacientes que nos consultaron para trastorno de pánico (un claro predominio femenino de 78%), (Bogiaizian, Soukoyan, Liceaga, 2001) . Algo similar sucede con el trastorno de ansiedad generalizada, ya que entre el 65-70% de las personas que nos consultan corresponde al sexo femenino. Sin embargo para el caso de la fobia social, las proporciones están invertidas dando a la población masculina una supremacía de un 70% en la consulta.
Con el fin de obtener alguna referencia a la cuestión en nuestro país, seleccionamos una muestra de pacientes de la Asociación AYUDA* y realizamos un pequeño estudio exploratorio con el fin de ilustrar el tema, con una muestra de 100 fóbicos sociales hombres ( 51%) y mujeres ( 49%), seleccionados con un criterio equitativo entre sexos, tal como ocurre en la población general, de entre 20 y 50 años se hallaron resultados que concuerdan que habría una mayor proporción de solteros (72%) entre los pacientes fóbicos sociales mientras que en la población general del mismo rango etario ( 49%)( INDEC,2001).
Los datos preliminares nos hacen suponer que, en un principio, habría un retraso en los pacientes con Ansiedad Social para poder contraer matrimonio, aunque en el transcurso del tiempo, un porcentaje mayor de las mujeres de nuestra muestra terminó casándose, en comparación con los varones.
Los temores relacionados con reuniones sociales o fiestas, hablar con desconocidos o tener una cita son manifestaciones corrientes en personas afectadas de fobia social generalizada. Son temores que generan efectos negativos en la aptitud de una persona soltera para participar con éxito en los procesos de cortejo y seducción, disminuyendo la posibilidad de conseguir una pareja. Debido a la excesiva ansiedad que les genera, dejan de concurrir a eventos sociales, rechazan invitaciones o encuentros que impliquen la posibilidad de quedar expuestos y sentirse rechazados. Como consecuencia de ello su círculo social se restringe cada vez más, su calidad de vida se empobrece significativamente y las posibilidades de conseguir pareja desciende a niveles que interfieren en sus proyectos personales. Las quejas más frecuentes de nuestros pacientes están relacionadas a las dificultades de relación con el sexo opuesto y la necesidad de conseguir pareja.
Una posible explicación podría provenir de la perspectiva de la psicología evolucionaria. Para Buss (2001), si bien es una tarea importante e implica resolver un compleja serie de problemas de adaptación, la supervivencia sólo es importante, desde el punto de vista de la selección, al punto que desemboca en la reproducción. Para atravesar ese obstáculo de selección, nuestros antepasados seguramente solucionaron una variedad de problemas sociales. Estos problemas incluyen negociar jerarquías de complejas de nivel social, formar coaliciones, tener éxito para atraer a personas del sexo opuesto, contraponerse a rivales intrasexuales, concebir hijos, dar a luz, criar y cuidar de los hijos y familiares, ayudándolos a sobrellevar la naturaleza hostil que puede impedir la supervivencia o reproducción, dando motivo para el esfuerzo por el nivel social.
Dentro de las preocupaciones principales de nuestros pacientes, son frecuentes las cuestiones vinculadas al acercamiento con personas del otro sexo. En los varones, se suma la complicación de tener que tomar la iniciativa. Este factor no tiene una incidencia menor en esta patología y posiblemente se deba a que está fuertemente arraigado a nuestra cultura.
Por lo tanto, es posible que la negociación de jerarquías sociales exitosas sea uno de los escenarios en los cuales la ansiedad social encuentra una fuente de la que nutrirse, e inclusive alcanzar sus modelos máximos de distorsión.
Lo vemos a diario, cómo en forma inexplicable las personas afectadas van pasando los años con el anhelo de estar con alguien en pareja, formar una familia y no lo logran.
Los retrasos para formalizar una pareja pueden estar reflejando las dificultades inherentes a los vínculos interpersonales cercanos que se van a evidenciar en los distintos momentos del proceso de una relación, desde el inicial acercamiento en la etapa del cortejo y la decisión de invitar a salir a una posible pareja hasta la concreción de la misma.
Trabajar las cuestiones en relación a las dificultades de los fóbicos sociales y su estilo interpersonal en las relaciones que implican intimidad es un tema que no se puede soslayar.

 

Referencias:

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